Caravana por la Paz, por Oaxaca, por México y por el Mundo.

caravana 20 agosto
Cómo no sentir los problemas que sufren los diferentes hermanos, familiares de desaparecidos, inconformes por las reformas estructurales, la poca sensibilidad de nuestros gobernantes y de los que más tienen, la impotencia de los pobres que luchan por tener una vida digna y que ven como les es arrebatado de sus manos sus posesiones, sus territorios, sus riquezas, sus sueños…

Las Comunidades Eclesiales de Base de la Diócesis de Tehuantepec, impulsados por la FE que nos mueve y por compromiso de denunciar la amenaza a la vida en todas sus manifestaciones; el pasado 20 de Agosto del presente, convocaron a una Jornada de Paz , expresión de una Iglesia Istmeña que se expresa de manera libre y creativa para elevar su voz de manera enérgica y al mismo tiempo hilvanar plegarias al Dios de la vida por los acontecimientos dolorosos que se viven en la realidad del país.

El fresco y acogedor clima del Camarón Yautepec nos dio la bienvenida en punto de las 8:00 de la mañana y con un gesto de hermandad, nos preparamos para el inicio de la CARAVANA POR LA PAZ, POR OAXACA, POR MÉXICO Y POR EL MUNDO.

Hermanos de las poblaciones del Camarón, Las Ánimas, Nejapa de Madero, Santiago Vargas, Salina Cruz, Santa María Mixtequilla, Tehuantepec, Juchitán y el Porvenir Mixe hicieron presencia, aunque muchos de nosotros no nos conocíamos, reflejábamos en nuestro rostros hermandad,  alegría, esperanza, gratitud, solidaridad ante los problemas que vivimos como hermanos, Oaxaqueños y Mexicanos.

Iniciamos la caravana, distribuida en 9 vehículos, en una experiencia desde la FE de una iglesia istmeña que clama por la PAZ, esa paz que anhelamos desde el fondo de nuestros corazones, nos dirigimos a la población hermana de Magdalena Tequisistlán, entusiasmados y para sorpresa nuestra, se nos unieron en el trayecto de la caravana habitantes de la población del Coyúl.

50 km por hora fue marcando nuestro descenso de la sierra al encuentro de nuestro presente y el  clima drástico y peculiar de nuestro bello Istmo de Tehuantepec.

11:00 horas de la mañana y muchos rostros de los viajeros desconcertados a nuestro paso por Magdalena Tequisistlán quienes al enterarse de nuestra actividad, con un saludo y esos pulgares arriba, nos inyectaron fuerza a nuestros corazones, para continuar con la reflexión colectiva.

En punto de 1:00 de la tarde, con un sol encumbrado y con un grupo numeroso de hermanos que se anexaron en Tequisistlán, arribamos a Jalapa del Marqués y frente a la imagen de la Asunción de María. El calor extremo que empieza hacer efectos en nuestros cuerpos, hambre, sed pero de más justicia, es lo que se siente en este momento de convivencia que hicieron posible los hermanos Jalapanecos, quienes solidariamente traen agua fresca y algo de alimento.

2:30 de la tarde, arribamos en Tehuantepec, la magna escultura de “la Tehuana” nos dan la bienvenida, hermanas y hermanos alegres a nuestra llegada. Quienes al vernos ofrecen unas palabras de aliento a los que venimos en la caravana, de disculpas hacia los espectadores por causar un alboroto al tráfico  y entre rostros indiferentes.

Al llegar a Juchitán a las 5:00 de la tarde, insolados pero alegres de haber cumplido nuestro cometido, el de ser ese granito de mostaza. Entre gestos de solidaridad y rostros inconformes por la disminución del tráfico vehicular que causamos al paso por las calles de Juchitán violenta y amagada por la delincuencia, arribamos a la Parroquia de San Vicente Ferrer, dándonos la bienvenida monseñor Oscar Campos Obispo titular de Tehuantepec y sin hacer falta monseñor Arturo Lona Reyes Obispo emérito de Tehuantepec, quien en su eucaristía nos alienta para que no desistamos y continuemos construyendo la PAZ , esa paz, que necesita nuestra región, nuestro Estado, nuestro país y todo el mundo. “el cambio es de abajo hacia arriba” “el cambio es desde los pobres hacia arriba”.

Hermanas y hermanos, que desde la iglesia ponemos en práctica nuestra FE, hermanándonos, invitando a la sociedad en general de no claudicar en sus exigencias desde sus espacios, de seguir levantando la voz, exigiendo la paz para todas y todos como pueblo. Sabedores de nuestra realidad, mujeres y hombres nos organizamos y manifestamos, exhortamos a las autoridades correspondientes de escuchar la voz del pueblo, al pueblo a quienes se deben, de tomar acciones responsables que permitan construir una solución a partir del diálogo. Desde la iglesia, enaltecemos la palabra de seguir trabajando por el bien común, por una vida digna y por una sociedad más justa.